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sábado, 8 de mayo de 2010
Verdad II: mi amigo el escritor
La cuestión no es entonces si hay verdad (que con mi vecina me quedó clarísimo), sino, como bien me preguntó ayer un jovencísmo escritor, amigo mío:
¿A quién le importa la verdad..?”
Claro que a ésta interrogante le siguieron una serie de cuestionamientos profundos y trascendentales por parte suya, a los que antes de zambullirme a encontrar respuestas que posiblemente no alcance, tomé tal cual y me pregunté a mi misma:
¿Que a quién le importa la verdad?
Quizá al enfermo que va al médico buscando un medicamento de VERDAD cure su mal (no que el médico se imagine que podría hacerlo).
Quizá al novio que espera que su pareja le diga la VERDAD de dónde anduvo la noche anterior.
Quizá cuando voy a un banco quiero la VERDAD acerca del cobro de comisiones a mi cuenta.
Quizá el comprador de cualquier artículo quiera saber la VERDAD de las propiedades del mismo antes de obtenerlo, y no tan sólo opiniones acerca del mismo.
Así que, parecería que la respuesta a la pregunta ¿a quién le importa la verdad ? no es tan difícil después de todo, ya que todos la demandamos constantemente en las distintas esferas de nuestra vida, ya sea en nuestras relaciones, en nuestra economía, en nuestro trabajo.
Y sin embargo (y ahora quien se pregunta soy yo) parecería que la verdad deja de importar cuando entramos en términos de vida o muerte. ¡Qué paradoja! ¿Me importa que el mecánico me ponga la verdadera pieza que necesite mi vehículo, pero en cuanto a mi vida y destino "la verdad no importa tanto" ?
Pero no soy ni por asomo la primera a quien una pregunta tan obvia le surgió. (san) Agustín, muchos años antes de mi y de mi vecina y de mi amigo el escritor, se atrevió a decir que: Amamos la verdad cuando esta nos ilumina, pero la odiamos cuando, en cualquier manera, nos condena.
Y es que, reconocer una verdad en términos morales puede llevarnos demasiado lejos. Talvés por ello, es aquí cuando la "lógica" de que la verdad no me importe, (impensable en cualquier otro ámbito de mi vida) funcione, o parezca hacerlo, tan bien.
Sólo que el sol sigue teniendo el mismo tamaño, por más que mi dedo intente decirme algo diferente.
----------
Piltato preguntó: ¿Qué es la verdad? ....y salió sin escuchar respuesta.
(de: Juan 18:38-39)
¿A quién le importa la verdad..?”
Claro que a ésta interrogante le siguieron una serie de cuestionamientos profundos y trascendentales por parte suya, a los que antes de zambullirme a encontrar respuestas que posiblemente no alcance, tomé tal cual y me pregunté a mi misma:
¿Que a quién le importa la verdad?
Quizá al enfermo que va al médico buscando un medicamento de VERDAD cure su mal (no que el médico se imagine que podría hacerlo).
Quizá al novio que espera que su pareja le diga la VERDAD de dónde anduvo la noche anterior.
Quizá cuando voy a un banco quiero la VERDAD acerca del cobro de comisiones a mi cuenta.
Quizá el comprador de cualquier artículo quiera saber la VERDAD de las propiedades del mismo antes de obtenerlo, y no tan sólo opiniones acerca del mismo.
Así que, parecería que la respuesta a la pregunta ¿a quién le importa la verdad ? no es tan difícil después de todo, ya que todos la demandamos constantemente en las distintas esferas de nuestra vida, ya sea en nuestras relaciones, en nuestra economía, en nuestro trabajo.
Y sin embargo (y ahora quien se pregunta soy yo) parecería que la verdad deja de importar cuando entramos en términos de vida o muerte. ¡Qué paradoja! ¿Me importa que el mecánico me ponga la verdadera pieza que necesite mi vehículo, pero en cuanto a mi vida y destino "la verdad no importa tanto" ?
Pero no soy ni por asomo la primera a quien una pregunta tan obvia le surgió. (san) Agustín, muchos años antes de mi y de mi vecina y de mi amigo el escritor, se atrevió a decir que: Amamos la verdad cuando esta nos ilumina, pero la odiamos cuando, en cualquier manera, nos condena.
Y es que, reconocer una verdad en términos morales puede llevarnos demasiado lejos. Talvés por ello, es aquí cuando la "lógica" de que la verdad no me importe, (impensable en cualquier otro ámbito de mi vida) funcione, o parezca hacerlo, tan bien.
Sólo que el sol sigue teniendo el mismo tamaño, por más que mi dedo intente decirme algo diferente.
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Piltato preguntó: ¿Qué es la verdad? ....y salió sin escuchar respuesta.
(de: Juan 18:38-39)
Verdad I: mi vecina Manola
Por alguna razón que todavía no figuro, mi vecina Manola creyó que me había trasladado de casa. Alguien le preguntó acerca de mi paradero y ella, con total seguridad, respondió que yo ya no estaba. Llegó a mis oídos y antes de tocarle la puerta o pedir explicaciones de porque mintió acerca de mi, me paré y reflexioné:
¿Había mentido mi vecina? Ella realmente creía que yo no estaba...así que, francamente, no podría decir que pronunció mentira. Su creencia acerca de mi ausencia era sincera, aunque lo que dijo no correspondía a la verdad, dado que yo no me había mudado, como ella sinceramente afirmaba y realmente creía.
Este accidente simple me llevó a una verdad acerca de la verdad. No importa que tan sinceramente se crea algo, el sólo hecho de creerlo no lo hace cierto en sí mismo. ¡La verdad tiene vida propia, existe, independiente de mi conocimiento acerca de ella!
De mi vecina Manola paso a Colón, quien (con todo el respeto que merece un difunto) considero el despistado más famoso de la historia de la humanidad. El sinceramente creía que había llegado a las Indias (si no, no se hubiese jugado la vida tomando ese camino) y sin embargo, su creencia sincera no hizo que el lugar al que había llegado hubiese sido efectivamente las Indias. Así que, su creencia era sincera...sinceramente equivocada.
Estoy siendo políticamente incorrecta, lo sé. Hablar de verdad es arriesgado, al menos en el ambiente en el que estoy sumergida. Pero no es mi culpa, sino la de Manola, la vecina .Fue ella quien me provocó a concluir que tener creencias contrarias es posible pero que verdades contrarias no tiene sentido alguno ya que la verdad es por lo visto excluyente. O me mudé o no me mudé, (independientemente de lo que mi vecina piense o crea), pero ambas cosas no son posibles.
¡Menos mal que los efectos de que yo viva aquí o allí no suponen gran cosa para nadie!
¿Había mentido mi vecina? Ella realmente creía que yo no estaba...así que, francamente, no podría decir que pronunció mentira. Su creencia acerca de mi ausencia era sincera, aunque lo que dijo no correspondía a la verdad, dado que yo no me había mudado, como ella sinceramente afirmaba y realmente creía.
Este accidente simple me llevó a una verdad acerca de la verdad. No importa que tan sinceramente se crea algo, el sólo hecho de creerlo no lo hace cierto en sí mismo. ¡La verdad tiene vida propia, existe, independiente de mi conocimiento acerca de ella!
De mi vecina Manola paso a Colón, quien (con todo el respeto que merece un difunto) considero el despistado más famoso de la historia de la humanidad. El sinceramente creía que había llegado a las Indias (si no, no se hubiese jugado la vida tomando ese camino) y sin embargo, su creencia sincera no hizo que el lugar al que había llegado hubiese sido efectivamente las Indias. Así que, su creencia era sincera...sinceramente equivocada.
Estoy siendo políticamente incorrecta, lo sé. Hablar de verdad es arriesgado, al menos en el ambiente en el que estoy sumergida. Pero no es mi culpa, sino la de Manola, la vecina .Fue ella quien me provocó a concluir que tener creencias contrarias es posible pero que verdades contrarias no tiene sentido alguno ya que la verdad es por lo visto excluyente. O me mudé o no me mudé, (independientemente de lo que mi vecina piense o crea), pero ambas cosas no son posibles.
¡Menos mal que los efectos de que yo viva aquí o allí no suponen gran cosa para nadie!
Habrá que ver cuando el mismo principio se aplica a otras verdades.
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Pilato preguntó: ¿Qué es la verdad? ....y salió sin escuchar respuesta. (de: Juan 18:38-39)
Etiquetas:
creencias,
Pilato,
vecina Manola,
verdad
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